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martes, 2 de junio de 2015

Barrio de Santiago


BARRIO DE SANTIAGO   -Córdoba, 2 de junio 2015-
El entorno de la Iglesia de Santiago, en la antigua Calle del Sol, ofrece una sucesión de detalles que cautivan al viajero observador. Como en muchos otros espacios con encanto hay que abstraerse del tráfico que baja desde el Campo madre de Dios para que no enturbie las sensaciones. La fachada de la Iglesia de Santiago que mira a la calle Agustín Moreno no revela la presencia de un templo fernandino construido en los siglos XIII y XIV, sobre una mezquita árabe, pues lo que se contempla es un austero pórtico del XIX formado por tres arcos de medio punto, y junto a él, se eleva una insulsa torre rematada por espadaña dieciochesca. También está retocada debido aun incendio que ocurrio a finales del siglo XX. Para descubrir el genuino rostro de la iglesia, hay que asomarse a la angosta calle del Viento, oficialmente dedicada a Ronquillo Briceño (el corregidor que emprendió la construcción de la Corredera), y apreciar la fachada medieval, mejor si es por la tarde, en que el sol transmite un aúreo resplandor a la piedra. Aquí se abre la portada de los pies, un arco apuntado rodeado de arquivoltas, y sobre él, un gran rosetón formado por arquillos de herradura entrelazados, que la angostura de la calle impide contemplar adecuadamente.
Aunque las reformas emprendidas en los siglos XVIII y XIX enmascararon el aspecto medieval del templo, hay dos detalles en el interior que el viajero debe apreciar: los arquillos del primitivo alminar, recuperados en la base de la torre, y la capilla de la Encarnación, hermoseada con sus bóvedas góticas. Despierta devoción popular el Cristo de las Penas, crucificado anónimo del Siglo XV.
Enfrente de la iglesia, la Calle Siete Revueltas, que zigzaguea al encuentro del Barrio de San Pedro, enmarca el soberbio ciprés que escala el cielo desde el patio de la cercana Casa de las Campanas. Con reminiscencias mudéjares se conserva esta casa que en su tiempo se dedicó a la fundición de Campanas y hoy está ocupada por la asociación de Amigos de los Patios, donde se organizan actividades culturales, sobre todo relacionadas con el flamenco.
A poca distancia de la iglesia se extiende, en la misma acera, la plaza de Valdelasgranas. Ocupa la vertiente frontal la austera fachada de la antigua casa de los Caballeros de Santiago, hoy colegio público del mismo nombre., que conserva en dos de sus patios vestigios mudéjares del finales del siglo XIV, como arcos lobulados y angrelados sobre pilares de ladrillo.
Otro lujo arquitectónico de la plaza se levanta al otro lado de la calle, y es el antiguo Palacio de los Marqueses de Benamejí, un edificio del Siglo XVIII cuya fachada fue renovada en 1874 por el arquitecto Luque y Lubián, descrito por Pío Baroja, en “La feria de los discretos” como palacio del marqués de Tavera en la ficción: “cinco balcones salientes, encuadrados por una gruesa moldura, con sus hierros llenos de adornos y sus pomos de cobre, se abrían en la fachada de piedra amarilla y porosa. En el balcón central, de más vuelo, se erguían a un lado y a otro dos pilastras con un tímpano encima, en medio del cual campeaba un escudo medio borrado; en la balaustrada, los hierros ya carcomidos, se retorcían en complicados dibujos. En la planta baja, cuatro grandes rejas rasgaban las espesas paredes del caserón, y en medio se abría la gran puerta, cerrada por un portón macizo, claveteado y con un ventanal de cristales en lo alto, en forma de abanico”.
En lo esencial, la descripción de Baroja, permanece vigente, salvo en el número de balcones y ventanas, que la ampliación llevada a cabo en los años setenta del siglo pasado, para adaptarlo
A nueva Escuela de Artes y Oficios, amplió por la derecha, reproduciendo la fachada original. En el interior cautivan sus dos patios, que no han perdido su aire señorial.
El hastial y la espadaña de la antigua iglesia conventual de Madre de Dios cierran, al fondo, el paisaje urbano de la calle, que se despide con un jardín y una fuente barroca de piedra en el lugar donde se alzó la antigua Puerta de Baeza.
Fuente: Francisco Solano Marquez.

martes, 26 de mayo de 2015

Paseo de la Ribera

Puente Romano desde Paseo de la Ribera
Paseo de la Ribera
El Paseo de la Ribera de Córdoba (España) es un avenida peatonal que se encuentra sobre la muralla de encauzamiento del río Guadalquivir en su margen derecha a su paso por el núcleo antiguo de la ciudad, cuya calzada formaba parte de la carretera nacional N-IV hasta su circunvalación.
El Paseo de la Ribera comienza en la plaza de la Cruz del Rastro y termina en la Ronda de los Mártires. Tiene en su vertiente norte la calle Enrique Romero de Torres, la calle Consolación así como la calle Noques.
Es llamada Ribera en el plano de 1851, aunque hasta entonces era conocido como Ribera de Curtidores por los muchos establecimientos de este oficio que existía en el barrio. Fue durante parte del siglo XIX y del siglo XX un gran paseo para los cordobeses en las tardes de verano, por su cercanía al río. Conoció la Iglesia de San Nicolás de la Ajerquía, cuyo solar aún mantiene una de las puertas de entrada particulares.
Asimismo es de destacar que en la calle Enrique Romero de Torres, construida a principios del siglo XX, se celebraba la feria del ganado de la plaza del Potro. Un callejón unía ésta con el paseo de la Ribera, dando forma a un edificio donde se situaba una casa de mancebía así como el Mesón de la Madera.
Paseo de la Ribera
Historia
Construido a principios del siglo I d.C., durante la época romana, sobre el río Guadalquivir (probablemente sustituyendo a uno más primitivo de madera), tiene una longitud de unos 331 metros y está compuesto por 16 arcos de los 17 que había originalmente. Fue un importante medio de entrada a la ciudad desde la zona sur de la península Ibérica por ser el único punto para cruzar el rio sin utilizar ningún tipo de embarcación. Probablemente la Vía Augusta que iba desde Roma hasta Cádiz pasaba por él.
Desde la época de la Reconquista encontramos en un extremo la torre defensiva de la Torre de la Calahorra y en el otro la Puerta del Puente, realizado por orden de Felipe II por el arquitecto Hernán Ruiz III en 1572. En el mismo podemos encontrar la escultura de San Rafael del Puente Romano, que data de 1651, obra del escultor Bernabé Gómez del Río.
En siglos recientes, el Puente Romano se convirtió en el acceso de entrada a la ciudad para los viajeros que acudían desde el sur de la ciudad. No en vano, se situaba al final del puente en la Puerta del Puente, el fielato sur de la ciudad (Oficina a la entrada de las poblaciones en la cual se pagaban los derechos de consumo). Además, el Puente Romano fue parte integrante de la Nacional IV, siendo atravesado por aquellos viajeros que bajaban desde el centro de España hacia la zona sur, siguiendo su uso como vía de transporte hasta el 1 de mayo de 2004 cuando se cierra al tráfico de forma definitiva.

Torre de la Calahorra. Era la entrada a Córdoba desde el Sur
Reformas
A lo largo de su historia ha sufrido numerosas reconstrucciones, principalmente una en la época califal, una después de la reconquista otra a principios del siglo XX. Estos arreglos fueron más de carácter estético que estructurales. De hecho, sólo el arco número 14 y número 15 (comenzando a contar desde la Puerta del Puente) son originales. Ramírez de Arellano comenta lo siguiente:

Durante estos siglos se han hecho nuevos diferentes arcos en tiempo de don Pedro el Cruel, de los Reyes Católicos, en el siglo XVII y en el XVIII, en que le compusieron también los trozos de murallas que lo entiban a la salida del mismo. En 1702 se hicieron los dos últimos arcos bajo la dirección de Tomás Ortega y Francisco Agustín; en 1703 se solaron varios arcos, entre ellos el real, vulgarmente hondo, siendo corregidor don Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, que cuidó mucho de esta obra; otro arco se reedificó en 1705, y por último, en 1780, el ingeniero don Bernardo Otero le hizo nuevos los pretiles o antepechos.

El 9 de enero de 2008 termina la última reforma del puente hasta la fecha, y una de las más radicales y que más polémica levantó. Dirigida por el arquitecto cordobés Juan Cuenca Montilla, la restauración no estuvo exenta de polémica debido al carácter ambicioso del proyecto que quiso devolver al puente un aspecto lo más parecido posible al original. Para ello, se limpiaron los tajamares, se descubrieron los sillares originales, se sustituyó el adoquinado por un suelo liso de granito y se rehabilitó una hornacina existente dedicada a San Acisclo y Santa Victoria. Igualmente, se recuperó el nivel original del extremo norte del puente, enrasado con la Puerta del Puente y el Paseo de la Ribera
Puente Romano en su tramo central
Elementos ornamentales
Debido a las continuas reformas que se han venido llevando a cabo en el Puente Romano durante los años de historia del puente, se desconocen muchos de los elementos ornamentales que se tuvieron a lo largo de la historia. Sin embargo, sí es posible detallar algunos de los elementos existentes desde el siglo XIX y siglo XX.
Es de destacar el San Rafael del Puente Romano, estatua de San Rafael que data de 1651 y que se encuentra en el centro del Puente Romano, la Hornacina de los Patrones, el pretil así como los bancos
Como nota anecdótica en el año 2002 y con motivo del rodaje de la película Carmen, se cambian las farolas existentes por otras iguales aunque de distinto material.
Torre de la Calahorra: Nivel superior almenado
Entorno
El entorno del Puente Romano mantiene una singularidad destacable. El Puente Romano se encuentra enclavado dentor del Sotos de la Albolafia, junto a un conjunto de molinos entre los que destacan, el también recientemente reformado Molino de San Antonio, así como la conocida albolafia o molino de agua, que es el que aparece en el escudo de la ciudad.
Promesa de amor eterno

domingo, 17 de mayo de 2015

Calle Agustín Moreno - Barrio de Santiago

Paseo por la calle Agustín Moreno, antigua calle del Sol. Calles con nombres tan evocadores como Calle del Viento, Tinte, Sol, Siete Revueltas, Aceite, Ronquillo Briceño, Ravé, Claustro, .... Una delicia el paseo por el Barrio de Santiago esta mañana.
Plano Barrio de Santiago
"Al extremo Sur de la Población y casi apartado de los demás de ella, se encuentra (dicho barrio), uno de los más cortos en extensión y vecindario intramuros. El vecindario en general es pobre, dedicados a las artes mecánicas o a las faenas agrícolas, aparte de algunos propietarios e industriales habitantes casi todos en la calle principal o sea la que llaman del Sol", por Teodomiro Ramírez de Arellano.
Calle Agustín Moreno
Su denominación es en memoria del sacerdote agustino. La calle del Sol fue una de las principales de la ciudad al ser una de las vías de salida de la parte levantina de la ciudad. Fue una de las calles principales de la novela La Feria de los Discretos de Pío Baroja, estableciendo en ella la casa del marqués, Palacio del Marqués de Benamejí. Durante la Edad Media y parte de la Edad Moderna, transcurría por ella la principal vía comercial de la ciudad: entraba la ruta por puerta Nueva y recorría, además de esta calle, las actuales calle Lineros, Lucano, Corregidor Luis de la Cerda para acabar en la puerta del Puente.
Palacio del Marqués de Benamejí 
Palacio construido en el siglo XVIII  situado en la calle Agustín Moreno y compuesto por una serie de construcciones de distintas épocas y periodos artísticos. Fue reformado en el año 1874 por Rafael de Luque cuando se produce una refachadización. Portada principal de piedra adintelada, coronada por el escudo de los marqueses de Benamejí. Encima de las ventanas de planta baja, se alterna el escudo de los Aguayo con el de los Bernuy.
 Calle Agustín Moreno
Al fondo, la Iglesia del Colegio de Santa Victoria es quizás el mejor ejemplo del neoclásico cordobés, construída a finales del siglo XVIII.
De planta circular, mantiene una majestuosa portada sostenida por seis columnas corintias adosadas descansando sobre un entablamiento poderoso. Con bóveda semiesférica, fue diseñada por el arquitecto francés Baltasar Drevetón

Fuente de los Jardines Campo Madre de Dios
La puerta de Baeza se situaba en la parte oriental de la ciudad, en el entorno de Campo Madre de Dios y en frente de la Iglesia Madre de Dios, en el inicio de la calle del Sol, actual Agustín Moreno, desde la zona Este de la ciudad.
Calle Agustín Moreno

El entorno de la iglesia de Santiago, en la antigua calle del Sol, ofrece una sucesión de detalles que cautivan al viajero observador. Como en otros muchos espacios con encanto hay que abstraerse del tráfico que baja desde el Campo Madre de Dios para que no enturbie las sensaciones.
La fachada de Santiago que mira a la calle Agustín Moreno no revela la presencia de un templo fernandino construido en los siglos XIII y XIV sobre una mezquita árabe, pues lo que se contempla es un austero pórtico de principios del XIX formado por tres arcos de medio punto y, junto a él, se eleva una insulsa torre rematada por espadaña dieciochesca. Para descubrir el genuino rostro de la iglesia hay que asomarse a la angosta calle del Viento, oficialmente dedicada a Ronquillo Briceño –el corregidor que emprendió la construcción de la Corredera–, y apreciar la fachada medieval, mejor si es por la tarde, en que el sol transmite un áureo resplandor a la piedra. Aquí se abre la portada de los pies, un arco apuntado rodeado de arquivoltas, y sobre él, un gran rosetón formado por arquillos de herradura entrelazados, que la angostura de la calle impide contemplar adecuadamente.
Aunque las reformas emprendidas en los siglos XVIII y XIX enmascararon el aspecto medieval del templo, hay dos detalles en el interior que el viajero debe apreciar: los arquillos del primitivo alminar, recuperados en la base de la torre, y la capilla de la Encarnación, hermoseada con sus bóvedas góticas. Despierta devoción popular el Cristo de las Penas, crucificado anónimo del siglo XV. Un azulejo colocado en el atrio se refiere a la concesión a este templo de las mismas “indulgencias y gracias espirituales que goza la sacrosanta iglesia de San Juan de Letrán de Roma”, por bula obtenida en 1827 “a expensas de la Exma. Sra. Doña María del Carmen Aguayos y Condesa de Villaverde, con el piadoso fin de promover la particular devoción que dicha Sra. tiene al Ssmo. Cristo de las Penas”.
Enfrente de la iglesia, la calle Siete Revueltas, que zigzaguea al encuentro del barrio de San Pedro, enmarca el soberbio ciprés que escala el cielo desde el patio de la cercana Casa de las Campanas, rescatada por los Amigos de los Patios Cordobeses.
A poca distancia de la iglesia se extiende, en la misma acera, la plaza de Valdelasgranas, un cuadrilátero peatonal redimido por Vimcorsa del vulgar abandono. Una farola fernandina de tres brazos se alza en el centro geométrico del pavimento, cuyo enchinado dibuja cuatro cuadrículas con desvaídas palmeras. En tres de los lados se alinean los bancos de hierro en alternancia con naranjos, mientras que en la vertiente de la calle las cadenas defienden el carácter peatonal de la plaza. Ocupa la vertiente frontal la austera fachada de la antigua casa de los Caballeros de Santiago, hoy colegio público del mismo nombre, que conserva en dos de sus patios vestigios mudéjares de finales del siglo XIV, como arcos lobulados y angrelados sobre pilares de ladrillo.
Otro lujo arquitectónico de la plaza se levanta al otro lado de la calle, y es el antiguo palacio de los Marqueses de Benamejí –un edificio del siglo XVIII cuya fachada fue renovada en 1874 por el arquitecto Luque y Lubián–, descrito por Pío Baroja en La feria de los discretos como palacio del marqués de Tavera en la ficción: “Cinco balcones salientes, encuadrados por una gruesa moldura, con sus hierros llenos de adornos y sus pomos de cobre, se abrían en la fachada de piedra amarilla y porosa. En el balcón central, de más vuelo, se erguían a un lado y a otro dos pilastras con un tímpano encima, en medio del cual campeaba un escudo medio borrado; en la balaustrada, los hierros, ya carcomidos, se retorcían en complicados dibujos. En la planta baja, cuatro grandes rejas rasgaban las espesas paredes del caserón, y en medio se abría la gran puerta, cerrada por un portón macizo, claveteado y con un ventanal de cristales en lo alto, en forma de abanico”.
En lo esencial, la descripción de Baroja permanece vigente, salvo el número de balcones y ventanas, que la ampliación del edificio llevada a cabo en los años setenta para adaptarlo a nueva Escuela de Artes y Oficios, amplió por la derecha, reproduciendo la fachada original. En el interior, cautivan sus dos patios, que no han perdido el antiguo aire señorial.
El hastial y la espadaña de la antigua iglesia conventual de Madre de Dios cierra, al fondo, el paisaje urbano de la calle, que se despide con un jardín y una fuente barroca de piedra en el lugar donde que se alzó la antigua Puerta de Baeza.