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martes, 26 de mayo de 2015

Plaza del Potro

Plaza del Potro
La Plaza del Potro es una de las más representativas de la ciudad de Córdoba (España), situada en el barrio de San Francisco-Ribera.
En el centro de la misma se encuentra la fuente del Potro cuyo remate es la figura de un potro que levanta sus manos sujetando un cartel con el escudo de la ciudad. Esta fuente de estilo renacentista data del año 1577, y el potro con el que está rematada da su nombre a la plaza. En el Siglo de Oro era lugar de encuentro de los pícaros y maleantes de la ciudad. Hasta 1847 estuvo situada en el lado opuesto de la plaza al que hoy ocupa.
Se encuentra también en esta plaza la famosa Posada del Potro, citada por Cervantes en El Quijote, además del Museo de Bellas Artes local y el Museo Julio Romero de Torres.
Historia
Originariamente, la plaza era de planta cuadrada y se encontraba rodeada de edificios por sus cuatro costados.1 A principios del siglo XV, al fundarse el Hospital de la Caridad varió la forma de la plaza, disminuyendo sus dimensiones de un modo considerable.2 1
En 1577 se construyó la fuente del Potro, durante el mandato del corregidor Garci Suárez de Carvajal. En 1847 la fuente se trasladó desde el otro lado de la plaza hasta el lugar que ocupa en la actualidad, coronándola con la escultura de un potro.2
En la década de 1870, la Posada de la Madera, que se encontraba en el lado sur de la plaza, es cerrada y expropiada por el ayuntamiento quien la demolió para así abrir la plaza a la ribera del río.
En 1924 se colocó en esta plaza el triunfo de San Rafael, trasladado desde la plaza del Ángel.
En 1964 una réplica de la escultura ecuestre fue regalada a Jerez, con motivo del hermanamiento de las dos ciudades. Dicha réplica se encuentra en la Plazuela de Belén de la ciudad jerezana.

Rincones de Córdoba con Encanto
El duende de Julio Romero, en Rincones de Córdoba con encanto, de Francisco Solano Márquez (2003, Diario Córdoba).
La antigua posada del Potro, reconvertida por el Ayuntamiento en recinto cultural, añora sin duda el madrugador trajín de arrieros, cosarios y vendedores que dieron vida a la plaza del Potro hasta mediados del siglo pasado. Y el triunfo de San Rafael, trasplantado aquí en 1924 desde la antigua plaza del Ángel, es como el mascarón de proa de esta nave urbana varada en remotos sueños de picaresca.
La plaza se asoma a la Ribera por la calle dedicada al pintor paisajista y defensor del patrimonio artístico cordobés Enrique Romero de Torres (1872-1956), que con el buen tiempo pueblan de veladores y quitasoles los restaurantes económicos de la zona, versión moderna de los antiguas posadas desaparecidas. Pero lo más característico de la plaza, hasta el punto que le da nombre, es la fuente; la fuente del Potro.
Para el escritor costumbrista Ricardo de Montis la fuente del Potro era “la más artística de todas y la de mayor renombre por su antigüedad y por el sitio en que se halla”. Las viejas postales de color sepia la muestran muy concurrida por gentes del barrio, entre ellas hacendosas mujeres llenando sus cántaros, para lo que se valían de cañas que canalizaban hasta la boca de los cántaros el agua de los caños altos; un ingenioso invento. Hoy el agua de esta fuente ya no es artículo de primera necesidad, sino lujo del paisaje urbano.
Data la fuente de 1577, reinando Felipe II, y la mandó construir el corregidor Garci Suárez de Carvajal para mejorar el abastecimiento de agua al vecindario. Inicialmente estuvo en el lado opuesto de la plaza –donde hoy se halla el triunfo de San Rafael–, y allí permaneció hasta 1847, en que fue trasladada a su emplazamiento actual.
El recordado erudito Miguel Ángel Orti Belmonte dejó una precisa descripción: “La fuente del Potro es un pilón octogonal, con columna disminuida al capitel, taza circular con una gran piña central, con cuatro cabecitas que son los caños, y encima un potro con las patas levantadas”, que las peñas enarbolan como insignia de solapa. Y es que lo más característico de la fuente es el airoso potro que la corona, que, oscurecido por la pátina del tiempo, se encarama sobre una piña con cuatro caños, que vierten sus tímidos chorros sobre una taza circular, que desagua a su vez sobre el pilón por otros cuatro caños más sonoros; dos cuartetos de voces acuáticas, cuyo sonido transmite una agradable sensación de frescor.
Aseguran algunos eruditos que la plaza del Potro tomó su nombre de un mesón desaparecido. Y Ramírez de las Casas-Deza afirma en su Indicador cordobés que se puso el potro en la fuente “porque en aquel sitio se vendían antiguamente los potros y mulas”. Es sin duda una de las plazas más literarias de Córdoba, y tiene a gala haber sido citada en El Quijote, como recuerda el artístico azulejo colocado en 1917 en la fachada de los museos: “El Príncipe de los Ingenios de España Miguel de Cervantes Saavedra, de abolengo cordobés, mencionó este lugar y barrio en la mejor novela del mundo. Varios cordobeses con amor de paisanos y con veneración de españoles dedican este humilde recuerdo al insuperable escritor”. Pero para conocer a fondo esta plaza hay que leer El Potro y su entorno en la Baja Edad Media, del historiador José Manuel Escobar Camacho.
Al margen de la fuente, lo que más hermosea la plaza del Potro es su peatonalidad, batalla ganada por los vecinos en época del alcalde Julio Anguita, lo que permite a la fuente dominar el rectángulo sin nada que le haga sombra. Junto a ella se extiende la pajiza fachada, mitad gótica y mitad neogótica, del antiguo hospital de la Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, que atrae a un incesante goteo de turistas ávidos de descubrir la mujer morena de mirada sombría y ojos profundos que inmortalizó Julio Romero de Torres, cuyo duende se pasea por la plaza las noches de luna llena. En la vertiente opuesta a los museos, las tiendas de recuerdos tapizan las paredes de colorines, con su oferta de postales, cerámicas y baratijas.


lunes, 25 de mayo de 2015

Plaza de la Corredera


Vista desde Arco Bajo
Martes, ‎26‎ de ‎mayo‎ de ‎2015
Plaza de la Corredera
La Plaza de la Corredera es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad de Córdoba. Esta plaza, única plaza mayor cuadrangular de Andalucía, se encuentra situada en el centro de la ciudad. Tiene su entrada y salida a través de los llamados Arco Alto y Arco Bajo.
Entre los edificios que dan forma a la plaza destaca el Mercado de Sánchez Peña o las Casas de Doña Ana Jacinta. El actual Mercado de Sánchez Peña sirvió de sede consistorial así como cárcel, hasta que en el siglo XIX, 1846, el empresario cordobés José Sánchez Peña, compró el edificio e instaló allí la más moderna industria de Córdoba con máquinas de vapor para crear una fábrica de sombreros, instalando a los obreros en la parte alta del inmueble donde tuvieron sus viviendas.
El espacio ocupado por la plaza ha sido profundamente remodelado con el paso del tiempo. La plaza ha sido utilizada con diferentes fines, principalmente festivos, tales como las corridas de toros de las cuales deriva el actual nombre de la plaza.
El 18 de diciembre 1981 fue declarada Bien de Interés Cultural.
Acera Norte
Origen

Construida en el emplazamiento que se cree que en su día ocupó parte del Circo Romano, este espacio fue profundamente remodelado con el paso del tiempo. La plaza ha sido utilizada con diferentes fines, principalmente festivos tales como las corridas de toros, organización de juegos de caña, etc., derivándose el actual nombre de la plaza de este hecho.
Situada fuera del núcleo principal de la ciudad romana, el actual emplazamiento de la plaza tuvo seguramente funciones festivas y de ocio para los cordobeses. Asimismo y bajo dominación árabe, la plaza pudo ser perfectamente un lugar de intercambios comerciales, dada la situación entre la Ajerquía y la Medina árabe, y tal y como había ocurrido en otras plazas castellanas. Independientemente de estos hecho se cree que hasta el siglo XV, la plaza de la Corredera fue una gran explanada extramuros de la Medina o ciudad alta cordobesa y que fue utilizada para intercambios comerciales. En el siglo XVI y con el interés de regularizar esa zona urbanística, se piensa en la construcción de una plaza cuadrangular que permita regularizar toda esta zona, reforzando el carácter comercial que iba trayendo desde siglos anteriores, por decreto del rey Carlos I que concedió la celebración semanal de un mercado en el año 1526.
Dada las dimensiones de la plaza de la Corredera, ésta fue utilizada en numerosas ocasiones para la celebración de todo tipo de actos, bien fiestas y homenajes, como la de las Navidades del año 1571, con motivo de la victoria de las tropas españolas sobre los turcos en la Batalla de Lepanto, así como para autos de fe como los realizados el 2 de diciembre de 1625, 21 de diciembre de 1627 y 3 de mayo de 1655 [1]. También fue utilizada como lugar de ejecuciones
Arco Alto




Descripción de la Plaza Primitiva.
Ya indicamos que a mediados del siglo XVI se ensanchó la plaza, y por el tiempo en que se verificaron las funciones descritas se le hizo una pequeña reforma que después ofreció grandes inconvenientes. El tramo desde la calle de Odreros al testero alto estaba completamente liso, sin puertas, rejas ni balcones, tanto que era conocido por "la Pared Blanca", contra la cual formaba la Ciudad unos andamios en todos los actos públicos, y durante siglos se colocaba el dosel de la presidencia hasta que, edificada la cárcel, su saliente balcón vino a cubrir aquel servicio. Entonces permitieron abrir algunas puertas en la Pared Blanca, con la condición de poderlas tapar en las fiestas públicas, y después los señores Angulos, dueños de aquellas casas, las edificaron de nuevo con multitud de ventanas, o sean tres galerías, con muchas columnitas que las dividían, pues las puertas que ostentan son del presente siglo. Por entonces pareció muy linda su decoración, y no dejó de pensarse en que estuviese igual toda la Corredera. Cárcel tenía un gran balcón en el centro, que al ser sustituido por el actual lo colocaron en la fachada de la casa de recreo de la huerta La Favorita o de Morales, en la sierra. 
Seguía el Pósito, útil establecimiento que se extinguió en la primera mitad de este siglo, y su edificio se enajenó en virtud de las leyes de desamortización. Su primitiva fachada era de las más bellas de Córdoba. Lucía en su primer cuerpo un juego de esbeltas columnas de mármol negro, sosteniendo una cornisa de lo mismo; sobre ésta, una galería con catorce ajimeces moriscos, divididos por lindas columnas de alabastro y con unos antepechos calados de primorosa labor, casi igual a una balaustrada con que concluía, teniendo varios pedestales ostentando, alternados, los escudos de España y Córdoba. Después se veía el mesón de la Romana con unas cinco varas de frente, formando esquina a la plazuela del Socorro, entonces del Hospital de los Ángeles.
Entre esta embocada y la calle del Toril o de los Toros estaba la iglesia del Socorro, tal como ya la describimos. Seguían dos o tres casas; en una de ellas habitaba el ejecutor de la justicia, y esto hacía que todos le llamasen el Rincón del Verdugo. Desde éste al Gollizno -nombre que daban a la entrada de la Espartería- había 33 casas desiguales en su altura y líneas de fachada, y por último, el testero alto describía dos curvas que eran conocidas por la Panza y el Codillo. En general, las casas formaban unos portalejos sostenidos por pilarotes de madera, de la que estaban también hechos los balcones o ajimeces. Los frentes eran llamados los Gualderos, y al alto le decían la Valla.

"Casa de Doña Ana Jacinta"

Construcción de la actual Plaza
La morfología actual, proviene del proyecto del arquitecto salmantino Antonio Ramós Valdés, quien bajo mandato del Corregidor Francisco Ronquillo Briceño, construyó un rectángulo semirregular de 113 metros de largo y 55 metros de ancho, en 1683. La obra, que tuvo como maestros mayores de la ciudad a Antonio García y Francisco Beltrán, tuvo un coste de 752.972 reales y 8 maravedises. La construcción no fue integral ya que se limitó a la fachadas de las mismas debido a la falta de fondos. Los dueños de las casas que daban a la plaza, fueron adquiriendo los metros de fachada que querían para sus correspondientes balcones.
Para ello derribaron la fachada primitiva del Pósito así como la Ermita de los Ángeles, creando las mismas de nuevo. Se inutilizó una calleja existente, la calle de Carreteras, construyéndose los arcos Alto y Bajo como entrada a la plaza.





viernes, 15 de mayo de 2015

Monumento al Gran Capitán

 El Monumento al Gran Capitán es una obra dedicada a Gonzalo Fernández de Córdoba "El Gran Capitán" en la ciudad de Córdoba, (España). Se trata de una escultura ecuestre en bronce, con excepción de la cabeza, labrada en mármol blanco.
Historia
Desde finales del siglo XIX el Ayuntamiento de Córdoba venía pensando la posibilidad de erigir un monumento en conmemoración del Gran Capitán, fundamentalmente debido a la avenida que venía realizando en la parte oeste de la ciudad. Una vez inaugurado el primer tramo de la Avenida del Gran Capitán el 5 de junio de 1907 se recuperó el empuje inicial del proyecto, fundamentalmente porque en el año 1915 se conmemoraba el IV Centenario de la muerte del Gran Capitán.
De esta manera y siguiendo el modelo empleado en Madrid de la apertura de una suscripción popular para sufragar los gastos del Monumento a Emilio Castelar, Antonio García Pérez, capitán y profesor de la Academia de Infantería de Toledo, comenzó un alegato reclamando para Córdoba la celebración del Centenario encontrándose entre otras, la colocación de un monumento en la intersección de la Avenida del Gran Capitán y la creación de una comisión que se encargara de la construcción del mismo. De esta manera el 24 de junio de 1909 se aprueba por parte de la Comisión Ejecutiva del "Proyecto de Monumento al Gran Capitán" que se le ofrecía a Mateo Inurria.
Los siguientes años fueron de trabajo por parte de Mateo Inurria en el monumento mientras que desde la Comisión, no se volvía a tomar con insistencia en el tema, hasta la confirmación de la celebración del IV Centenario de la muerte del Gran Capitán en Córdoba. De esta manera, el 4 de enero de 1915 se abre la suscripción popular promonumento y el alcalde de la ciudad firma con el escultor, el 13 de febrero por la cual se quedaba el precio fijado en 100.000 pesetas que se le harían efectivas en tres plazos.
El Ayuntamiento de Córdoba, el ejército, donaciones individuales, donaciones de asociaciones culturales, así como Ayuntamientos de la provincia, fueron los que suscribieron en su mayor medida la propia suscripción. Sin embargo, la suscripción popular nunca llegó a sumar las 100.000 pesetas, lo que hizo que se creara una subcomisión para conseguir más fondos, objetivo que no llegó a buen puerto. A pesar de que el 2 de marzo de 1915 comienzan los trabajos de cimentación del monumento que no pudieron continuarse debido a la no recaudación de fondos.
En 1920, se renuevan los deseos del Ayuntamiento por conseguir la erección del monumento, pero de nuevo la escasez de fondos por parte del consistorio hizo que pasaran los años sin que pudieran conseguirse los fondos necesarios. De esta manera, y hasta la llegada del año 1923, no se pudieron conseguir los fondos necesarios para poder costear el monumento. De esta manera se inaugura el 15 de noviembre de 1923, situándose originalmente en el cruce de la Avenida del Gran Capitán y de Ronda de los Tejares.
Sin embargo, el paso de los años había hecho que la configuración de la Avenida de Canalejas hubiera cambiando radicalmente, por lo que el arquitecto municipal Félix Hernández elaboraba un proyecto en la nueva Plaza de las Tendillas, para la incorporación del monumento. De esta manera en el año 1927 se trasladaba a la Plaza de las Tendillas, contando con la oposición vecinal que no aprobó el cambio de ubicación.
Durante el siglo XX hubo diferentes reformas de la fuente que rodea al monumento, siendo la actual, la reforma del año 1998.
En octubre de 2003, el monumento sufrió una profunda restauración donde se le aplicaron barniz y capas de protección, con un coste en la intervención de 27.106 euros, con cargo al Plan de Excelencia Turístico. El día 23 de diciembre de 2003 se reinaugura por parte de Rosa Aguilar.

Leyendas
Una de las más extendidas leyendas que circulan en Córdoba sobre el monumento al Gran Capitán, trata sobre la cabeza que incluye la estatua es la cabeza del torero Lagartijo. Nada más lejos de la realidad. El profesor Ramón Montes señaló la causa de la diferencia material y cromática entre la cabeza y el resto de la escultura:
"La figura ecuestre está realizada en bronce, a excepción de la cabeza que es de mármol blanco. Recurso éste, que utilizó Inurria para contrastar y darle una más genuina expresión. En base a este hecho, existe un bulo según el cual la cabeza del Gran Capitán es la de Lagartijo. Nada más lejano a la realidad. Existen expuestas ambas cabezas, en bronce, en el Museo de Bellas Artes, en donde puede comprobarse el error".
Página 386, tomo III de la obra CORDOBA, editorial GEVER, 1988.
En la misma línea se manifestó José María Palencia Cerezo en uno de los más completos estudios realizados hasta la fecha sobre el monumento:
"(...) no existe al respecto ningún tipo de testimonio documental ni literario que pueda llevar a plantearlo. En segundo, porque sobre el particular nada se recoge en el contrato firmado en 1915 con el Ayuntamiento de Córdoba. Y por último, porque de haber procedido en tal sentido, Inurria hubiera navegado contracorriente, convirtiendo una de sus obras más emblemáticas en un pastiche sin sentido de época"
El Gran Capitán de Córdoba a Italia al Servicio del rey. En el capítulo El Monumento al Gran Capitán de Córdoba. José María Palencia Cerezo.
En realidad, el modelo para la cabeza fue un organista de la Iglesia de San Nicolás.